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El pulpo a la gallega es el rey de los aperitivos en todo el norte de España. En Asturias, lo disfrutamos en las rulas y ferias con la misma pasión que nuestros vecinos gallegos. La clave de un buen pulpo no es solo la calidad del animal, sino el respeto a los tiempos de cocción y el reposo final. Servido sobre una cama de patatas cocidas en su propia agua y aliñado con un aceite de oliva virgen extra de primera, es un bocado sencillo pero insuperable.
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Preparación
- El Asustado: Ponemos abundante agua a hervir sin sal. Cuando rompa el hervor, cogemos el pulpo por la cabeza y lo sumergimos 3 veces seguidas (3 segundos cada vez). Esto hará que los tentáculos se ricen y la piel no se desprenda.
- Cocción: Introducimos el pulpo definitivamente. Dejamos cocer unos 35-40 minutos. El tiempo exacto depende del tamaño; pincha la parte más gruesa de un tentáculo con un palillo: debe entrar como en mantequilla.
- Reposo (Fundamental): Apagamos el fuego y dejamos el pulpo reposar dentro del agua otros 15-20 minutos. Este paso es el que asegura que esté tierno por completo.
- Las Patatas: Sacamos el pulpo y, en esa misma agua rojiza, echamos las patatas peladas y cortadas en rodajas de 1 cm. Se teñirán de rosa y cogerán todo el sabor del pulpo.
- Corte: Con unas tijeras de cocina, cortamos el pulpo en rodajas sobre la cama de patatas caliente.
- Aliño: Espolvoreamos la sal gorda, el pimentón y, por último, el aceite de oliva. No escatimes con el aceite; el pulpo debe brillar.
Tradición de Feria
- Tradicionalmente, el pulpo se sirve en platos de madera de pino o roble empapados previamente en el agua de cocción. La madera conserva el calor y ayuda a que el aceite y el pimentón formen una emulsión deliciosa para mojar pan.