Cadavedo es un pueblo pequeño del occidente asturiano, enclavado en el concejo de Valdés, que tiene dos cosas muy claras: que su repostería y su panadería tradicional valen oro, y que si nadie las defiende, se las lleva el olvido. Por eso, desde hace seis años, la Sociedad Popular La Regalina organiza el Festival de la Rapa y la Alfilada, un fin de semana entero dedicado a dos joyas culinarias que solo se entienden desde la costa occidental de Asturias. Este año, el festival se celebra el 13 y 14 de junio, coincidiendo con la festividad de San Antonio, y Cadavedo se prepara para recibir a casi una veintena de artesanos, un concurso popular y un taller con horno de piedra en la Casa Natal del Padre Galo.
¿Qué es la Rapa?
La rapa es una preparación salada tradicional del occidente asturiano que recuerda a una empanada gruesa, pero con una personalidad propia que nada tiene que ver con las empanadas gallegas o las empanadillas caseras. Se elabora con una masa de maíz y trigo —un reflejo directo de la historia agrícola de esta comarca— que se rellena con una mezcla de ingredientes que varía según la casa y la cocinera: chorizo, compango, tocino, cebolla, pimiento y, a veces, algo de bonito o caballa si el mar ha sido generoso. La masa se cierra, se pinta con huevo y se hornea hasta que queda dorada y crujiente por fuera, tierna y jugosa por dentro.
La palabra rapa no aparece en los diccionarios académicos ni en las guías gastronómicas de lujo, y esa es precisamente su gracia: es un producto de mercado, de hogar, de chigre de pueblo. Se hacía para aprovechar las sobras del compango, para llevar al campo durante las jornadas de siega, para servir con una jarra de sidra en las tardes frescas del otoño occidental. Cada familia tenía su rapa, y cada rapa llevaba la firma invisible de quien la amasaba.
En el festival, el concurso de rapas es el plato fuerte. Las participantes (porque históricamente han sido sobre todo mujeres las guardianas de esta receta) presentan sus creaciones a un jurado popular que valora la masa, el relleno, el horneado y, sobre todo, ese sabor difícil de definir que solo se consigue cuando tres generaciones de una misma familia han perfeccionado la misma receta.
La Alfilada: El Dulce de los Buenos Días
Si la rapa es la reina salada del festival, la alfilada es su corona dulce. La alfilada es un dulce tradicional del occidente asturiano, cercano a la familia de los bollos preñaos y las rosquillas, pero con una textura y un sabor que le distinguen de cualquier otra repostería regional. Se trata de una masa dulce, esponjosa y ligeramente crujiente en la superficie, que tradicionalmente se elaboraba para las fiestas patronales y las celebraciones familiares.
El nombre alfilada tiene su origen en la forma de alfil o diagonal que se le daba a la masa antes del horneado, un detalle que ya casi nadie reproduce y que el festival intenta rescatar junto con la receta original. La alfilada se tomaba en el desayuno, acompañada de un café con leche o de un vaso de sidra dulce, y era el regalo que las madres preparaban cuando los hijos volvían del mar o de la emigración.
En el concurso del festival, las alfiladas compiten en categorías de textura, sabor y presentación. Es un espectáculo ver cómo pueblos enteros defienden el honor de su repostera con una pasión que haría palidecer a cualquier programa de televisión culinaria.
La Casa del Padre Galo: Patrimonio Literario y Horno de Piedra
El taller de elaboración de rapa se celebra en la Casa Natal del Padre Galo, uno de los rincones más singulares de Cadavedo. Antón García Oliveros, conocido como el Padre Galo (1885-1966), fue un escritor, poeta y sacerdote jesuita nacido en este pueblo que se convirtió en una de las figuras más brillantes de las letras asturianas. Su casa natal fue rehabilitada en 1998 gracias al impulso del Ayuntamiento de Valdés y hoy funciona como centro cultural y punto de referencia del concejo.
Hacer rapa en la casa del Padre Galo tiene un simbolismo potente: se trata de unir la memoria literaria con la memoria culinaria, de decir que Cadavedo no es solo el pueblo donde nació un gran escritor, sino también el lugar donde se amasa una tradición que vale tanto como cualquier verso. El taller incluye un horno de piedra tradicional, donde los participantes pueden ver cómo se horneaba la rapa antes de que llegaran los hornos eléctricos y las planchas de inducción.
El Mercado Artesanal: Casi Veinte Puestos de Productos Locales
Además del concurso y el taller, el festival llena las calles de Cadavedo con un mercado artesanal que este año supera la veintena de puestos. No se trata de un mercadillo genérico de bisutería y productos importados, sino de un mercado genuino de productores locales: quesos de la comarca, sidra natural de los llagares del concejo, embutidos artesanales, miel del occidente, conservas de pescado y, por supuesto, rapas y alfiladas para llevar a casa.
La Sociedad Popular La Regalina, que organiza el evento, es una asociación cultural fundada por vecinos de Cadavedo con el objetivo de mantener vivas las tradiciones locales. El nombre del grupo rinde homenaje a la regalina, un canto tradicional de las marinerías que se interpretaba en las veladas y romerías del occidente.
Música y Verbena en El Curión
El sábado 13, a partir de las 12:00, el Conceyín de Cadavedo se llena de actividad con la apertura del mercado, el inicio del concurso y la primera ronda de catas. Por la tarde, el taller de rapa en la Casa del Padre Galo ofrece una experiencia práctica que atrae tanto a locales como a visitantes. El domingo 14, festividad de San Antonio, la jornada empieza con la misa en la Iglesia de Santa María de Cadavedo y continúa por la tarde con un tardeo musical en El Curión, a cargo del Dúo Héctor y Jose, que pone la banda sonora perfecta para cerrar un fin de semana donde lo importante no es el espectáculo, sino el sabor de lo auténtico.
Cadavedo: Un Pueblo que Merece una Ruta
Si nunca has estado en Cadavedo, el festival es una excusa perfecta para descubrirlo. Está a escasos kilómetros de Luarca, la capital del concejo de Valdés, y muy cerca de playas como la de Barayo, una de las joyas del litoral occidental. El occidente asturiano tiene una personalidad marcada por el mar bravío, los prados verdes hasta donde alcanza la vista y una gastronomía que, como demuestra este festival, sabe hacer mucho con poco y convertir la necesidad en arte.
Para comer por la zona, El Veleru y La Mar en Luarca ofrecen marisco fresco con vistas al puerto, mientras que Sidrería La Villa en Navia representa la tradición sidrera del interior. Si prefieres ampliar el recorrido por el occidente, la ruta gastronómica del occidente asturiano te lleva por los pueblos y mesones que definen esta comarca.
Cómo Llegar y Qué Saber
Cadavedo está en el concejo de Valdés, a unos 15 minutos en coche de Luarca por la AS-12. No hay estación de tren, pero los buses de ALSA con origen en Oviedo o Gijón tienen parada en Luarca, y desde ahí es fácil llegar en taxi o coche compartido. El festival es gratuito y al aire libre, así que prepárate para caminar por calles empinadas y vestir abrigos en capas: el clima del occidente en junio cambia cada media hora.
El programa completo está disponible en la web del Ayuntamiento de Valdés y en la página de la Sociedad Popular La Regalina en redes sociales. Si quieres participar en el concurso, las bases se publican semanas antes del evento —pero si lo que quieres es comer rapas, beber sidra y escuchar la voz del mar en un pueblo que se resiste a olvidar, simplemente presentarse el sábado por la mañana es suficiente. Cadavedo se encarga del resto.