Información
- Cocina: Asturiana, Parrilla, Platos de cuchara
- Precio: $$
La Sidrería La Villa es el tipo de restaurante que los asturianos llaman "de los de siempre". En pleno centro de Navia, lleva años siendo el punto de encuentro de quienes buscan una buena fabada, un chuletón a la brasa o simplemente un lugar donde escanciar una sidra bien tirada mientras se charla con los amigos. No es un lugar de moda, ni pretende serlo: es un sitio donde se come bien, se paga justo y se vuelve siempre.
La especialidad de la casa son las carnes a la parrilla. El chuletón de ternera asturiana, con ese veteado perfecto y el punto justo de brasa, es probablemente el mejor plato que puedes pedir. Pero no te pierdas el cabrito al horno, especialmente en temporada, o el cordero a la estaca cuando lo tienen. Los pescados también están a la altura: la merluza del Cantábrico y el bonito fresco en temporada son platos que los habituales piden sin mirar la carta.
Los platos de cuchara merecen un apartado propio. La fabada asturiana de La Villa se hace con fabes de la granja, compango de la comarca y una cocción lenta que solo da la experiencia de años repitiendo la misma receta. El pote asturiano, con sus berzas, patatas y compango, es otro de esos platos que reconfortan el alma en los días fríos del invierno naviego. Las raciones son abundantes, como manda la tradición.
El local es amplio, con un comedor principal donde las mesas están separadas lo suficiente para no sentirte agobiado, y una barra lateral donde tomar tapas y raciones si prefieres algo más informal. La decoración es la típica de las sidrerías asturianas: madera, azulejos con motivos de manzana, y algún que otro recuerdo de las fiestas del pueblo. La terraza de verano da a la calle principal y es perfecta para ver la vida pasar mientras te tomas el café.
Los precios son de lo más razonable de la zona. Un menú del día completo ronda los quince euros, y las raciones para compartir oscilan entre los doce y los veinte euros. La bodega, aunque no es extensa, tiene buenas referencias de vinos asturianos y algunas opciones de ribera del Duero y Rioja que complementan bien la carta.
Si estás de paso por Navia, ya sea camino de las playas de Ortigueira o explorando la costa occidental, La Villa es una parada casi obligatoria. Los domingos se llena de familias que vienen a comer después de misa, así que si vas en fin de semana, conviene llamar antes. El trato es cercano y familiar, como todo en este rincón de Asturias que vale la pena descubrir.
Lo que muchos forasteros no saben es que La Villa tiene una carta de entrantes que da para un banquete en sí misma. Las empanadas caseras, tanto de carne como de bonito, son de esas que te comes la primera sin pensar y pides la segunda sin dudar. Los xalotes naviegos, una especialidad local de hojaldre relleno de una crema suave que solo se encuentra en esta comarca, son un descubrimiento que pocos turistas se llevan y que los locales guardan como un tesoro. Acompáñalo todo con una botella de sidra escanciada con el brazo alto y no querrás salir de aquí.
En invierno, La Villa adquiere un encanto especial. Los días de lluvia y mar brava, que en esta parte de la costa son frecuentes, el interior del restaurante se convierte en un refugio donde el humo de la brasa y el aroma de las berzas guisadas te abrazan nada más cruzar la puerta. Es el momento perfecto para pedir un pote asturiano con pan de escanda, ese pan oscuro y compacto que se hace en los hornos tradicionales de la zona y que sostiene cualquier guiso como si estuviera diseñado para ello.
Navia tiene mucho que ofrecer al visitante que se toma la molestia de parar: la playa de Frexulfe, el puerto pesquero de Navia, y las rutas senderísticas del occidente asturiano. Pero si hay algo que te llevarás de este pueblo, además de sus paisajes, será el sabor de una comida en La Villa, donde la tradición no es un concepto de marketing sino una forma de vida que se repite cada día en cada plato.
Para los amantes de la repostería casera, La Villa tiene una sorpresa guardada. Su tarta de manzana, hecha con reinetas de la comarca y una base de hojaldre que se deshace en la boca, es el postre que los parroquianos de toda la vida piden sin ni siquiera mirar la carta. En Semana Santa, preparan las bartolos, un dulce tradicional de masa de pan relleno de crema que es casi imposible encontrar fuera de los hornos caseros. Si tienes espacio después de la fabada y el chuletón, no te lo pienses: este tipo de detalles son los que convierten una buena comida en una experiencia memorable.