Información
- Cocina: Asturiana, Sidrería, Carnes
- Precio: $$
La Cueva es el restaurante al que vas cuando quieres comer carne de verdad en Llanes. Este asador-sidrería en el corazón de la villa combina lo mejor de la tradición cárnica asturiana con el ambiente de sidrería que caracteriza a la gastronomía de la región.
La estrella de la carta es la carne roxa asturiana: chuletones de ternera de más de 800 gramos con ese veteado que solo da la raza autóctona asturiana, cocinados a la brasa con la justa cocción que mantiene la jugosidad interior. El entrecote, la costilla y el filete de ternera lechal completan una oferta cárnica que haría feliz al más exigente de los carnívoros.
Pero La Cueva no se limita a la carne. El cachopo es otro de los pilares de la carta: generoso, con queso bien fundido y una carne de calidad que marca la diferencia. Los platos de cuchara (fabada, pote) están presentes para quienes buscan la tradición, y los pescados del Cantábrico completan una carta equilibrada.
La sidra natural, como no podía ser de otra forma en un restaurante asturiano que se precie, tiene su espacio. De buenos llagares de la comarca de la Sidra, escanciada con generosidad y cambiando de referencia con frecuencia para mantener la variedad.
El nombre del restaurante no es casualidad: el comedor principal está excavado en la roca, creando un ambiente de cueva que le da un encanto único. Muros de piedra natural, iluminación tenue y un ambiente íntimo que contrasta con la contundencia de los platos.
Los precios son razonables para la calidad de la carne: un chuletón para compartir ronda los 35-45€, el cachopo unos 18€, y los platos de cuchara entre 12 y 16€. La relación calidad-precio de la carne roxa es difícil de superar en la zona. Perfecto para una comida contundente después de una ruta por los Picos de Europa o la costa oriental.
Cuando te dicen que el comedor de La Cueva está excavado en la roca, no es metáfora ni recurso publicitario. El local ocupa lo que fue una cueva natural o una construcción excavada directamente en la piedra caliza que domina el casco antiguo de Llanes. Entrar es como cruzar la puerta de una bodega subterránea, pero con mesas puestas y el olor a carne asada sustituyendo al de las barricas. Los muros de piedra viva conservan la humedad natural de la roca, lo que crea un microclima fresco que se agradece en pleno verano llanisco.
La iluminación es baja, cálida, con velas en algunas mesas y lámparas de techos irregulares que respetan la forma original de la cueva. El suelo es de losa, antiguo, desgastado por miles de comensales. No hay pretensiones de elegancia moderna: aquí la decoración la pone la propia piedra, los arcos naturales y el paso del tiempo. Es uno de esos comedores donde te sientes como en casa de alguien que sabe cocinar muy bien.
Más allá del chuletón y el cachopo, La Cueva tiene una sección de cocina tradicional asturiana que merece atención. La fabada asturiana que sacan en olla de barro, con los fabones de la Granja y el compangu bien repartido, es una de esas fabadas que te hace cerrar los ojos al primer bocado. Si es invierno, pide el pote asturiano de berzas con unto, chorizo y morcilla — un plato de supervivencia que los llaniscos llevan pidiendo generaciones.
De primeros, las empanadas caseras (la de atún y la de pixín son las que más vuelan) son una joya. Masa crujiente, relleno jugoso, hechas el mismo día. Y si quieres algo más ligero antes de la carne, las verdinas con codorniz son un guiso que poca gente conoce fuera de Asturias pero que merece un capítulo propio.
Después de una comida en La Cueva —y conviene que sea contundente— lo que más apetece es un paseo por el casco antiguo de Llanes. Salir a la calle y encontrarte con las cubes de Llanes es una experiencia visual que no esperas: una hilera de cubos de hormigón pintados por artistas de todo el mundo que actúan como rompeolas frente al mar. Son 28 cubos, cada uno con un diseño diferente, y pasear entre ellos con la digestión en marcha es casi una tradición obligatoria para quien come en el pueblo.
El casco antiguo de Llanes es pequeño pero lleno de rincones: la plaza de Santa María, la torre del reloj, las callejas empinadas que suben hacia los miradores con vistas a la ría. Los chigres del centro se animan por la tarde, y si te queda hueco para una copa de sidra o un carajito, hay barra libre de opciones a dos pasos de La Cueva.
Un consejo: si vas en verano, reserva con días de antelación. La Cueva es uno de los restaurantes más conocidos de Llanes y se llena cada día sin falta.