Información
- Cocina: Asturiana, Tradicional, Pescados, Mariscos
- Precio: $$-$$$
- Web: Sitio Oficial
Hay restaurantes que se visitan y restaurantes que se viven. Casa Tataguyo pertenece a esa segunda categoría: un lugar donde la historia de Avilés se cocina a fuego lento desde 1845, cuando la villa era un hervidero de comerciantes, pescadores y navegantes que hacían de su ría uno de los puertos más activos del Cantábrico. Más de ciento setenta años después, Casa Tataguyo sigue en pie en la plaza de Carbayedo, en pleno casco histórico, como un faro de la gastronomía asturiana que ha sobrevivido a guerras, crisis y modas pasajeras. La Guía Repsol le otorga el reconocimiento de "BUENO", y basta una comida para entender por qué.
Entrar en Casa Tataguyo es como cruzar el umbral de una casa asturiana de principios del siglo XIX. La decoración respeta ese espíritu: madera oscura, cuadros que hablan de la historia del restaurante, una iluminación cálida que invita a quedarse. No busques minimalismo ni designed de revista — aquí el protagonismo lo tiene la comida, el producto y la tradición de una familia que lleva casi dos siglos alimentando a los avilesinos. Las paredes cuentan historias de comensales ilustres y de platos que se han servido generación tras generación sin perder un ápice de esencia.
La carta es un viaje por la cocina asturiana con paradas obligadas en los platos de cuchara y los pescados del Cantábrico. Pero si hay un plato que define Casa Tataguyo, ese es la longaniza blanca de Avilés con patatas guisadas. No es una longaniza cualquiera: es la longaniza de la comarca, hecha con carne magra de cerdo, pimentón dulce y un toque de ajo que la hace irresistible. Las patatas se hacen lentas, absorbiendo el sabor del guiso hasta quedar tiernas y melosas. Es un plato humilde, de los que alimentaban a los trabajadores del puerto, pero ejecutado con una maestría que solo da el tiempo y la repetición. Si vienes a Casa Tataguyo y no pruebas la longaniza, no has venido realmente.
Los pescados son otro capítulo fundamental. Casa Tataguyo tiene un trato directo con las lonjas de Avilés y Cudillero, lo que se traduce en una materia prima de primera categoría. La merluza del pincho es una apuesta segura: la puedes pedir al horno, en cazuela o a la plancha, y en cualquiera de las tres versiones te vas a llevar una alegría. El bacalao en salsa de pimientos es otro clásico de la casa que merece la pena pedir: el bacalao se deshace, la salsa tiene cuerpo y un punto de dulzor que equilibra perfectamente el sabor intenso del pescado. Y si es temporada, no dudes en preguntar por los pescados del día — suelen ser la mejor opción del menú.
Los guisos de cuchara son el alma de esta cocina. Las lentejas de Casa Tataguyo tienen la textura y el sabor de las que hacían las abuelas: espesas, con chorizo, morcilla y verduras que se han cocido largo rato. El pote asturiano es otro plato que justifica por sí solo la visita: berza, fabes, compango y chorizo en una olla que parece tener memoria propia. Y los callos, preparados con la receta tradicional de la casa, son de esos platos que te hacen cerrar los ojos al primer bocado. Todo tiene ese sabor a hogar, a cocina de verdad, a fuego lento.
La parte de carnes no desentona. El cachopo está bien ejecutado, con jamón y queso fundido en un empanado crujiente que no resulta excesivamente graso. Las chuletas a la brasa, cuando las hay, tienen el punto justo de cocción y un sabor a carbón que les sienta de maravilla. Pero si tuviéramos que elegir un plato fuerte, nos quedaríamos con las raciones de pescado o con los guisos de cuchara — es ahí donde Casa Tataguyo marca la diferencia real frente a otros restaurantes de la zona.
El menú del día es una opción excelente para conocer la casa sin desentonar demasiado en el bolsillo. Por unos 18 euros te llevas dos platos, postre, pan y medio vino de Rioja, con una calidad que justifica sobradamente el precio. Las raciones del menú cambian según el día, pero siempre incluyen opciones de cuchara, pescado y carne. Los postres caseros merecen una mención especial: el tiramisú es cremoso y con el justo toque de café, y el requesón con helado de frambuesa es una apuesta fresca y ligera que cierra la comida a la perfección.
El servicio es correcto y profesional, sin estridencias. Los camareros conocen la carta al detalle y pueden recomendarte según lo que te apetezca. El local cuenta con varias salas, lo que lo hace apto tanto para una comida íntima como para una celebración familiar o de empresa. La plaza de Carbayedo es un lugar pintoresco, con su fuente y sus edificios históricos, que invita a pasear antes o después de comer.
Los precios están en la franja media-alta para la zona: los platos principales van desde los 16 hasta los 28 euros, las raciones entre 12 y 18, y la carta de vinos incluye buenas referencias asturianas y riojas. No es el restaurante más barato de Avilés, pero la relación calidad-precio es justa para el nivel de producto y tradición que ofrece. Si buscas una experiencia gastronómica con historia, con sabor a Asturias de verdad y en un enclave privilegiado del casco histórico avilesino, Casa Tataguyo es una parada obligatoria. Después de casi dos siglos cocinando, este restaurante sigue demostrando que la tradición, cuando se hace con oficio, nunca pasa de moda.