Casa Gerardo
Casa Gerardo es uno de esos restaurantes que cambian tu forma de entender la cocina asturiana. No exageramos: venir a comer a Prendes, un pueblecito tranquilo del concejo de Carreño, y encontrarte con una propuesta gastronómica de este nivel es una de las experiencias que te llevas de Asturias para siempre. Fundado en 1882 por el bisabuelo Demetrio Fernández como una parada de postas y fonda a pie de carretera, este restaurante familiar ha recorrido un camino largo hasta convertirse en referente de la alta cocina asturiana. Y lo ha hecho sin perder un ápice de su esencia.
El nombre actual llegó por vía matrimonial: la hija de Demetrio, Benigna, se casó con Gerardo, que dio nombre a la casa a partir de 1925 y la convirtió en casa de comidas.
La historia de la estrella Michelin de Casa Gerardo es, en sí misma, una historia de Asturias. Pedro Morán, cuarta generación de la saga, consiguió la primera estrella en 1991 —un logro enorme para un restaurante de un pueblo de menos de mil habitantes— y la ha mantenido desde entonces con una consistencia admirable: es la estrella Michelin más antigua de Asturias.
Hoy dirige los fogones junto a su hijo Marcos Morán, quinta generación de la familia, en una simbiosis entre tradición e innovación que la propia Guía Michelin destaca. El linaje se lee casi como un árbol genealógico de la cocina asturiana: Demetrio (1882), Gerardo (1925), Geles (1950), Pedro (1977) y Marcos (2005). Cuando comes en Casa Gerardo, notas que cada plato lleva décadas de historia y generaciones de conocimiento.
La fabada asturiana de la casa es probablemente el plato que mejor resume la filosofía del restaurante. Es una fabada como la que haría tu abuela, pero llevada al extremo: fabes de la granja selectas, un compango que incluye chorizo, morcilla y lacón de ganado asturiano, y un punto de cocción que hace que cada faba sea una explosión de sabor. Es el plato que pide casi todo el que viene por primera vez, y el que muchos repiten en visitas posteriores: la Fabada de Prendes es, sin discusión, el emblema de la casa.
Pero Casa Gerardo no se queda solo en los clásicos. La ventresca de atún rojo con su tinta y emulsión de pimientos asados es uno de los platos más fotografiados de la gastronomía asturiana actual. La carta cambia con las estaciones y el mercado, y siempre hay guiños a los productos del Cantábrico: pixin en texturas, fabes con mariscos, o arroz con avellanas y bogavante que hacen honor a la cocina de autor asturiana.
Y luego está el arroz con leche. Sí, el postre de toda la vida. Pero en Casa Gerardo, el arroz con leche es una experiencia en sí mismo: cremoso, con ese punto de canela justo, la piel de limón que perfuma sin invadir, y una textura que te hace entender por qué este postre humble se ha ganado un sitio en una carta con estrella Michelin. Es el tipo de detalle que te hace querer volver.
La bodega es otro de los puntos fuertes de Casa Gerardo, con una cuidada selección de vinos españoles e internacionales, además de sidras naturales asturianas que maridan de maravilla con muchos de sus platos. El sumiller recomienda maridajes que sorprenden y elevan la experiencia —no dudes en dejarte asesorar.
El comedor es íntimo y elegante, con vigas de madera y una decoración que combina lo rústico asturiano con el refinamiento que requiere una estrella Michelin. El trato es cercano y profesional, como corresponde a una casa que ha recibido a comensales de todo el mundo manteniendo el calor de una casa de comidas de pueblo.
Los menús degustación son la mejor forma de disfrutar la experiencia completa. Cada uno ofrece un recorrido por la temporada con platos que sorprenden tanto al paladar local como al internacional. Según los precios publicados en su web de reservas:
- Menú Clásicos: ronda los 88 €.
- Menú Degustación: 150 €.
- Gran Menú Degustación: 225 €.
Los fines de semana es imprescindible reservar con antelación —la demanda es alta y las mesas pocas—, y conviene revisar la web porque los horarios de cada menú y los días con servicio de cena varían según la época del año.
Casa Gerardo es, sin duda, una visita obligada para cualquier amante de la gastronomía que pase por Asturias. Un lugar donde la tradición asturiana y la alta cocina se dan la mano con naturalidad y excelencia. Si vas, que sea sin prisas y con el estómago preparado: porque en Prendes se come de verdad, y se come bien.
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