A más de cuarenta kilómetros del mar, encajado entre montañas que parecen coser el cielo, Grandas de Salime celebra cada 29 de agosto una de las fiestas más curiosas del calendario asturiano: la Fiesta de la Sardina. En un concejo donde el olor a monte, a ganado y a mamertanos guisados es el paisaje cotidiano, la sardina asada se convierte por un día en protagonista absoluta. Y lejos de ser una anomalía, es una de las tradiciones que mejor explican cómo era la vida en el Asturias rural de montaña.
Por qué una fiesta de la sardina en la montaña
La explicación es histórica y tiene que ver con la economía de la escasez. Durante siglos, el pescado fresco era un lujo inalcanzable en los pueblos del interior. La sardina salada, transportada en cestos y arreos desde los puertos de la costa occidental —Navia, Puerto de Vega, Tapia—, era la única forma de que las familias campesinas comieran pescado. La sardina curada en salazón aguantaba el viaje por caminos de carro y se convertía en el acompañamiento festivo de las romerías de finales de verano, cuando las faenas del heno ya estaban hechas y la matanza del cerdo aún no había llegado.
Con el tiempo, aquella sardina de necesidad se transformó en sardina de celebración. Hoy los camiones traen cajas y cajas de sardina fresca del Cantábrico, se disponen las parrillas en la plaza, y el pueblo entero —más los visitantes que cada año se suman— se reúne alrededor del humo y del olor a brasa que inunda el casco histórico de Grandas.
La fiesta: parrillas, sidra y folixa en la plaza
El corazón de la jornada es la sardinada popular. Desde el mediodía, las parrillas se llenan de sardinas que se asan a fuego vivo, se sirven con pan de maíz, pimientos y rocío de sidra, y se reparten entre vecinos y forasteros por un precio simbólico o directamente gratis, según el año y la organización. Es la misma lógica de la espicha asturiana: comer de pie, con la escanciadura como música de fondo y el coro de conversaciones como verdadero espectáculo.
Alrededor de la sardinada se monta una verbena con:
- Música tradicional y gaitas durante la tarde, con bailes a lo corridu y xiringüelu en los que nadie mira si sabes bailar.
- Merienda y sidra al escanciar en los chigres y puestos de la plaza.
- Verbena nocturna con orquesta para cerrar la noche hasta bien entrada la madrugada.
El ambiente es el de las fiestas de concejo del occidente: familiar, sin aglomeraciones, con los niños correteando entre las mesas y los más mayores contando las veces que han visto esta fiesta desde que eran chavales.
La sardina asturiana, mejor de lo que parece
La sardina del Cantábrico vive su mejor momento a finales de verano: grasa alta, carne firme y sabor intenso. Los mariñanos de la costa occidental la desembarcan de madrugada y, en menos de unas horas, puede estar en las parrillas de Grandas. Asada entera sobre la brasa, con su punto de sal y unas gotas de limón, es de lo más honesto que puede uno comer en Asturias.
Si quieres profundizar, en la web tienes recetas y guías relacionadas: nuestra guía del Festival de la Sardina de Candás, la hermana mayor de estas fiestas sardineras en la costa, y las jornadas de marisco de Navia para completar la ruta gastronómica del occidente.
Qué ver en Grandas de Salime si vas a la fiesta
La fiesta es una excusa excelente para descubrir uno de los concejos menos visitados y más genuinos de Asturias:
- El Museo Etnográfico de Grandas, uno de los mejores de Asturias, instalado en la rectoral del pueblo: una lección completa sobre la vida tradicional de la montaña occidental.
- El Castro de Chao Samartín, en la cercana Pendía, uno de los poblados castreños más importantes del noroeste peninsular, con ocupación desde la Edad del Bronce.
- El embalse de Salime, la gran obra hidroeléctrica de los años cincuenta, con sus miradores sobre el cañón del Navia.
- El Santuario de San Salvador, en lo alto del pueblo, con vistas que abarcan todo el valle.
Información práctica
- Fecha: 29 de agosto (la festividad gira en torno a esta fecha cada año).
- Lugar: casco histórico y plazas de Grandas de Salime.
- Cómo llegar: por la AS-13 desde Boal o por la A-8 saliendo en Navia; también desde Fonsagrada por la AS-28. Unos 45 minutos desde la costa.
- Aparcamiento: limitado en el casco histórico; conviene llegar pronto o dejar el coche a la entrada del pueblo.
- Dinero en efectivo: imprescindible para puestos y chigres.
- Abrigo para la noche: a 600 metros de altitud, la temperatura cae en picado al ponerse el sol, incluso en agosto.
Conclusión
La Fiesta de la Sardina de Grandas de Salime es la demostración de que en Asturias no hace falta estar en la costa para comer el mejor pescado ni para montar la mejor verbena. Es una fiesta pequeña, de las que no salen en las guías turísticas masivas, y precisamente por eso conserva lo que las grandes han perdido: la sensación de llegar a un pueblo y ser, durante unas horas, uno más. Si estás por el occidente a finales de agosto, sube la montaña, pide una sardina, una sidra y un sitio en la mesa. El resto te lo regala Grandas.