Asturias es tierra de quesos y de frutos del bosque. En los valles de Somiedo, Quirós y las montañas de Cangas del Narcea crecen arándanos silvestres que son diminutas bombas de sabor, concentrados en un tamaño pequeño porque la altitud y el frío les obligan a madurar lento. Esta tarta es un homenaje a esos arándanos y a los quesos asturianos, una combinación que funciona tan bien que parece diseñada por la naturaleza misma.
La tarta no necesita horno, lo cual la convierte en la reina de los postres de verano. Cuando el calor aprieta en Asturias —y aprieta más de lo que la gente cree, especialmente en los valles interiores— encender el horno es la última cosa que quieres hacer. Esta tarta se prepara en media hora, se refrigera y está lista para impresionar. Es el postre perfecto para una comida al aire libre, una barbacoa o una merienda especial.
El secreto está en la calidad de los ingredientes. El mascarpone debe ser fresco y cremoso, el queso crema a temperatura ambiente para que se integre bien, y los huevos de buena calidad porque van crudos (si te preocupa la salmonella, usa huevos pasteurizados). La base de galletas de escanda le da un toque asturiano auténtico y un sabor más interesante que las galletas normales. La escanda, ese cereal ancestral asturiano que se cultiva en los valles del interior, aporta un sabor tostado y ligeramente dulce que combina a la perfección con el queso.
El coulis de arándanos es lo que transforma una buena tarta de queso en algo extraordinario. La mezcla de arándanos frescos con mermelada crea una salsa espesa y brillante que cae por los bordes de la tarta como un manto púrpura. Si tienes arándanos silvestres asturianos, úsalos para el coulis: su sabor es más intenso y ácido que el de los arándanos cultivados, y el color es más profundo. Si no los encuentras, los arándanos normales funcionan bien, pero añade un poco más de zumo de limón para compensar la falta de acidez.
La tarta mejora con el reposo. Idealmente, hazla la noche antes para que la crema se asiente y los sabores se integren. En la nevera dura tres o cuatro días sin problema, aunque lo normal es que desaparezca mucho antes. Para servirla, desmolda con cuidado, vierte el coulis por encima de manera que caiga de forma natural, y esparce los arándanos frescos. Unas hojas de menta fresca le dan el toque de color final.
Este postre es un ejemplo de cómo la cocina asturiana puede ser ligera y moderna sin perder su identidad. Los quesos del país, los frutos del bosque de la montaña y la tradición repostera asturiana se unen en una tarta que parece sacada de una pastelería de autor pero que puede hacer cualquiera en casa.