Información
- Cocina: Asturiana, Tapas, Platos de cuchara
- Precio: $
El Chigre El Forno es lo que los asturianos entienden por un buen chigre: barra larga, sidra bien escanciada, pinchos que quitan el sentido y un ambiente que mezcla la conversación de los parroquianos de siempre con la curiosidad de los forasteros que se han perdido por las calles de Mieres. Situado cerca del casco histórico, este local lleva años siendo referencia en una comarca donde se come extraordinariamente bien pero no siempre se hace lo suficiente ruido.
La especialidad del El Forno son los pinchos y raciones que cambian según el mercado y la temporada. Las croquetas de Cabrales, cremosas por dentro y crujientes por fuera, son quizás el bocado más pedido de la casa. Los calamares a la andaluza, con ese rebozado ligero que cruje al morder, son otro clásico que no falla. Pero si hay algo que distingue a este chigre es la tortilla de patatas: jugosa, con la cebolla justo en el punto, y que se hace en el momento si la pides con antelación.
Los platos de cuchara merecen mención aparte. El pote asturiano que preparan aquí es de esos que te reconfortan el cuerpo y el alma, con berzas tiernas, patatas de la huerta y un compango que incluye chorizo, morcilla y tocino de calidad. La caldereta de pescado, cuando la tienen, es un espectáculo: mejillones, gambas, merluza y almejas en un caldo que te bebes hasta la última gota. Los domingos, la fabada es el plato estrella, y suele agotarse temprano.
El local es pequeño pero bien aprovechado. La barra, presidida por una exposición de pinchos que invita a pedirlo todo, es el centro neurálgico. Detrás, un pequeño comedor con mesas de madera y sillas que han visto pasar generaciones de mineros, ferroviarios y ahora también turistas que descubren que Mieres tiene una oferta gastronómica notable. La sidra se escancia a la perfección, y la carta de vinos, aunque modesta, tiene opciones interesantes de la región.
Los precios son lo más sorprendente: raciones entre ocho y catorce euros, pinchos entre dos y cuatro, y una sidra que rara vez supera los tres euros la botella. Es posible comer muy bien por menos de veinte euros, algo cada vez más difícil de encontrar en Asturias. El menú del día, disponible de lunes a viernes, es una auténtica ganga para los trabajadores de la zona y para quienes quieren comer casero sin gastar mucho.
El Forno es también un buen lugar para conocer la cultura del chigre asturiano: esas barras donde se debate de fútbol, política y gastronomía con igual pasión, donde se celebran las victorias del equipo local y se lloran las derrotas. Si estás explorando las Cuencas Mineras o de camino al Puerto de San Isidro, esta es una parada imprescindible para entender cómo come la Asturias auténtica.
Lo que hace irreemplazable a El Forno es su conexión con la historia de Mieres. Este es un chigre que ha visto pasar a generaciones de mineros que bajaban del pozo con hambre de acero, de ferroviarios que hacían escala entre Oviedo y León, y de estudiantes de la Escuela de Minas que encontraban aquí el mejor desayuno posible: un bollo preñau y un café con leche que te levanta del suelo. Ese patrimonio vivo se nota en cada detalle, desde las fotografías en blanco y negro que decoran las paredes hasta el acento mierense que te recibe al entrar.
La carta de embutidos locales es otro motivo para visitarlo. El chorizo a la sidra, que se hace en el propio chigre, es una delicia que mezcla el ahumado del embutido con la acidez de la sidra en un equilibrio perfecto. La morcilla de cebolla, tierna y con ese toque dulce que solo se consigue con la receta correcta, se sirve caliente y es capaz de convertir a cualquiera. Acompáñalo de un buen trozo de pan de maíz, ese pan amarillento y compacto que es señas de identidad de la gastronomía de las cuencas.
Mieres tiene una oferta cultural y paisajística que muchos pasan por alto: el Pozo Barredo convertido en museo, el campus universitario, y las rutas por los valles mineros que te llevan hasta lugares como Turón o Langreo. Pero si hay algo que justifica por sí solo una visita a Mieres, es sentarte en la barra de El Forno, pedir una ración de croquetas y una sidra, y dejarte llevar por la conversación de quienes llevan toda la vida comiendo aquí. Eso sí: no llegues tarde los domingos, porque las mejores cosas de la casa se agotan antes de las dos.
La repostería que sale de la cocina de El Forno es otro capítulo que merece atención. Las casadielles, esos dulces fritos rellenos de nuez y azúcar que son patrimonio inmaterial de la dulcería asturiana, las preparan aquí con una maestría que honra a la tradición. En Navidad, también tienen turrones caseros y un polvorón que se deshace antes de llegar a la boca. Es el tipo de detalle que te hace entender que en los chigres asturianos no solo se come salado: la repostería tradicional tiene su espacio y lo ocupa con dignidad. Pide un café con leche y una casadiella para cerrar la tarde, y verás cómo Mieres empieza a ganarte el corazón.