Información
- Cocina: Mariscos, Pescados, Cocina marinera
- Precio: $$-$$$
Ribadesella tiene la suerte de combinar montaña y mar en un paisaje difícil de igualar, y el restaurante El Puerto aprovecha esa ubicación privilegiada para ofrecer una experiencia gastronómica completa. Situado en primera línea de la ría, con vistas al puente y al puerto deportivo, este local se especializa en pescados y mariscos del Cantábrico oriental, una zona que produce algunas de las mejores capturas de toda la costa asturiana.
La carta está dominada por el mar, como no podía ser de otra manera. El centollo de Ribadesella, servido simplemente al vapor o con un toque de vinagreta, es el plato que todo el mundo debería probar al menos una vez. Los percebes, cuando los tienen, son de esa variedad del Cantábrico que sabe a roca y a océano. Las gambas de la ría, pequeñas pero intensas en sabor, se sirven a la plancha con sal gorda y nada más: no necesitan nada. Para los que prefieren pescado, la merluza a la sidra y el rodaballo salvaje son apuestas seguras.
Pero El Puerto no es solo marisco. Su versión del cachopo asturiano, relleno de jamón ibérico y queso de Cabrales, se ha ganado una fama merecida entre los visitantes que quieren combinar lo mejor de la tierra y del mar en una misma comida. La carne gobernada, guiso tradicional de ternera con cebolla, pimientos y sidra, es otro plato que habla de una cocina que sabe cocinar tanto del mar como de la montaña.
El restaurante tiene dos ambientes bien diferenciados. En la planta baja, la barra y las mesas altas son perfectas para una comida informal o unos pinchos antes de la cena. La terraza, directamente sobre la ría, es el lugar ideal en verano: ver los barcos entrar y salir mientras cenas es un espectáculo que no tiene precio. En la planta superior, el comedor más formal es adecuado para comidas de negocios o celebraciones familiares, con un servicio más atento y una carta ampliada.
Los postres caseros son la sorpresa de la carta. La tarta de queso con base de galleta casera, el arroz con leche hecho con receta tradicional asturiana, y los frixuelos rellenos de crema son dulces que compiten en calidad con los platos principales. La carta de vinos tiene una selección curada de blancos gallegos y asturianos que maridan perfectamente con el marisco, y sidra natural por supuesto.
Ribadesella es parada casi obligatoria para quienes recorren la costa oriental de Asturias, ya sea camino de Llanes o de los Picos de Europa. El Puerto es el lugar perfecto para una comida con vistas que se recuerda. En temporada alta, la terraza se reserva con semanas de antelación, así que planifica con tiempo si vas en julio o agosto. El ambiente en la terraza al atardecer, con la ría reflejando los colores del cielo, es simplemente mágico.
Un secreto bien guardado de El Puerto es su carta de arroces marineros. La paella de marisco, con ese caldo profundo que absorbe el grano y una carga de marisco que desborda la paellera, es una opción que muchos pasan por alto al quedar seducidos por las raciones de pescado. Pero quienes la prueban repiten. En invierno, cuando el mar está más Bravo y las capturas son más selectivas, el arroz con bogavante se convierte en un plato excepcional que vale cada euro que cuesta.
La conexión de El Puerto con los pescadores locales es directa. Muchos de los barcos que faenan en la ría de Ribadesella y en las calas cercanas descargan aquí, lo que garantiza una frescura que se nota desde el primer bocado. Los percebes de la costa de Ribadesella, arrancados de las rocas expuestas al cantábrico, tienen un sabor intenso y mineral que no se encuentra en ninguna otra parte. Si tienes la suerte de que los tengan el día que vas, no lo pienses: son oro líquido del mar.
Ribadesella es mucho más que su famoso Descenso del Sella. La cueva de Tito Bustillo, una de las joyas del arte rupestre europeo, está a pocos minutos del restaurante. La playa de Santa Marina, con su arenal dorado y sus acantilados verdes, es una de las más bonitas de Asturias. Y el paseo marítimo que une el puerto con el faro ofrece unas vistas que justifican por sí solas la visita. Terminar ese recorrido en la terraza de El Puerto, con un plato de centollo y una copa de albariño, es la forma más elegante de despedirse de Ribadesella.
Los pescados que no están en la carta pero que aparecen como pescado del día son los que más emocionan. La dorada salvaje, cuando la hay, se prepara al horno con sal gruesa y se sirve con un chorro de aceite de oliva virgen y unas ramas de tomillo. El bacalao fresco, en temporada de costera, es otro de esos tesoros que hay que pedir sin dudar cuando aparece en la pizarra. La regla de oro en El Puerto es simple: preguntar siempre qué ha llegado esa mañana, porque lo que no está escrito suele ser lo mejor. Los camareros conocen cada captura y saben contar la historia del barco y del momento en que entró en la ría, un pequeño lujo que humaniza la experiencia de comer pescado.