Información
- Cocina: Asturiana, Moderna, Tapas
- Precio: $$-$$$
Avilés tiene uno de los cascos históricos más bonitos de Asturias, con sus calles empedradas, las plazas soportales y ese encanto de villa portuaria que se siente en cada rincón. Pasear por la zona antes de comer es casi obligatorio: la plaza del Ayuntamiento, la iglesia de Sabugo, las casas blasonadas que hablan de un pasado indianal que dejó huella en cada balconada. Y justo en medio de todo eso, en la peatonal calle San Bernardo, está Casa Lula —el restaurante que ha puesto a Avilés en el mapa gastronómico asturiano con reasons de sobra.
Casa Lula es el restaurante que Avilés necesitaba y que ahora todos los avilesinos recomiendan con orgullo. En el centro histórico de la villa, este local ha sabido interpretar la cocina asturiana con una mirada contemporánea que respeta el producto pero se atreve con técnicas y presentaciones innovadoras.
La carta es un diálogo constante entre la tradición y la modernidad. El cachopo se reinventa en formato mini con diferentes rellenos (Cabrales y nueces, foie y compota de manzana, pulpo y pimentón). La fabada se presenta en crema con crujiente de compango. El arroz con leche llega en tres texturas: sorbete, crema y merengue.
Los platos fuertes cambian con la temporada pero mantienen una constante: producto asturiano de proximidad tratado con técnica. La merluza de pincho en texturas, el rabo de toro estofado al Sidral, y los pimientos rellenos de pixín y gambas son apuestas seguras que sorprenden tanto al paladar local como al visitante.
La mariscada de la casa es una apuesta segura si visitas Avilés entre los meses de septiembre y marzo. Traen marisco de las rías del occidente —nécoras, centollos, bogavantes— y lo presentan sobre una tabla con salsas que respetan el producto sin enmascararlo. El pulpo a la brasa con patatas panaderas y pimentón de la Vera es otro plato que da gusto pedir: tierno, con ese punto de humo que le aporta la brasa y un chorro de aceite de oliva virgen extra.
Los arroces son otro apartado donde Casa Lula brilla. El arroz con txangurro y verduritas de temporada tiene un caldo intenso, meloso, que te obliga a limpiar el plato con pan. También hacen un arroz negro con sepia que es de los mejores que se pueden probar en Asturias, con un sabor a tinta que no resulta pesado gracias al punto de acidez que le aportan las verduras.
La bodega está bien surtida, con una selección de vinos asturianos (sí, Asturias también hace vino en Cangas) que merece la pena descubrir. Las sidras naturales tienen presencia, pero también ofrecen cócteles con sidra que son una declaración de intenciones: la tradición puede ser moderna.
El local es amplio y luminoso, con una decoración minimalista que deja protagonismo a los platos. Muros blancos, madera clara, una cocina abierta donde puedes ver al equipo en acción, y una terraza en la peatonal calle San Bernardo que es un oasis en los meses de buen tiempo.
Los precios están en la franja media-alta para Avilés: platos principales entre 16 y 28€, medias raciones entre 10 y 16€, y un menú degustación que ronda los 45€. La relación calidad-precio es excelente para el nivel de cocina que ofrecen.
Casa Lula está en pleno casco histórico, así que aparcar en las inmediaciones puede ser complicado. Lo mejor es dejar el coche en el parking subterráneo de la zona del parque del Muelle o en el de la plaza de España y caminar unos minutos. El Centro Niemeyer está a menos de diez minutos andando —una visita que combina de maravilla con la comida, sobre todo si hay alguna exposición temporal. Después de comer, el paseo por la ría de Avilés es la guinda perfecta: la pasarela peatonal que bordea el agua te lleva desde el casco viejo hasta el Niemeyer pasando por el parque de Ferrera, con las vistas del puerto deportivo y los barcos fondeados.
Casa Lula demuestra que Avilés tiene gastronomía de primer nivel. No hace falta ir a Oviedo o Gijón para comer bien en Asturias: la villa avilesina tiene su propio referente, un restaurante que entiende su tierra y la cocina con orgullo. Que el chef apueste por producto local, que trabaje con ganaderos y pescadores de la comarca, y que lo haga con una técnica que levanta el vuelo sin perder los pies en el suelo, eso merece reconocimiento. Y que encima esté en un rincón tan bonito como la calle San Bernardo, pues ya es la hostia.