Información
- Cocina: Asturiana, Brasa, Platos de cuchara
- Precio: $$
La Sidrería La Caldera no es solo un restaurante: es una institución en Cangas de Onís. Con más de ochocientas reseñas positivas y una puntuación que roza la excelencia, este local situado en pleno centro histórico es la primera opción de quienes visitan la capital de los Picos de Europa y quieren comer bien de verdad. Su éxito no es casual: producto excelente, recetas tradicionales ejecutadas con precisión y un trato al cliente que hace que vuelvas.
La carta es un recorrido por lo mejor de la gastronomía asturiana. La fabada es la estrella indiscutible: fabes de calidad, compango generoso y un caldo espeso que invita a mojar pan sin descanso. El cachopo de La Caldera es otro de los platos que la gente recuerda: grueso, bien relleno de jamón y queso, empanado crujiente y servido con pimientos asados. Para los amantes de la carne, el chuletón a la brasa y el cordero asado son opciones que no defraudan.
Pero lo que hace especial a La Caldera es su capacidad para mantener la calidad con el volumen. En temporada alta, cuando Cangas de Onís se llena de turistas que vienen a ver el Puente Romano o a hacer rutas por los Picos, el restaurante sirve cientos de comidas al día sin que la calidad decaiga. Eso dice mucho de una cocina que sabe lo que hace y lo hace bien. Los fines de semana del verano, la fila en la puerta puede ser larga, pero merece la pena esperar.
El local tiene dos plantas: la planta baja, con la barra y mesas altas para tapear, y la planta superior, con el comedor principal donde se sirve la carta completa. La decoración combina elementos tradicionales asturianos con un toque moderno que lo hace acogedor sin ser rústico en exceso. En verano, las mesas en la calle se convierten en el mejor lugar para ver el ambiente del pueblo mientras cenas.
La relación calidad-precio es otro de los puntos fuertes. Las raciones son generosas, los precios son ajustados para lo que ofrecen, y el menú del día es una ganga comparado con otros restaurantes de la zona. Si vas con grupo, pide la mariscada o la parrillada mixta para compartir: es la mejor forma de probar un poco de todo. Los postres caseros, especialmente la tarta de queso y los frixuelos, son el broche perfecto.
Cangas de Onís es puerta de entrada a los Picos de Europa, y La Caldera es el lugar perfecto para reponer fuerzas después de una jornada de montaña o para empezar la noche con buena comida y mejor compañía. Reservar es casi obligatorio en temporada alta, pero si vas entre semana o fuera del verano, suele haber mesa sin problema. Un restaurante que cumple todo lo que promete y más.
Un capítulo aparte merecen las verduras de la comarca que La Caldera incorpora a su carta. Los pimientos de Potes, las fabes de Los Beyos y las berzas del concejo de Onís son ingredientes que tienen un sabor propio, el de una tierra donde los productos crecen a ritmo lento y con el cariño de quienes los cultivan. La ensalada de tomate con ventresca y cebolla morada, en temporada de verano, es una maravilla de sencillez que demuestra que con buenos ingredientes no hace falta complicarse la vida.
Para los que quieren llevarse un pedacito de Asturias a casa, La Caldera tiene un pequeño rincón de productos locales junto a la barra. Fabes empaquetadas, chorizos de la comarca, queso de Cabrales con denominación de origen y, por supuesto, sidra natural embotellada. Es un detalle que habla de una filosofía de restaurante que va más allá del plato: aquí se trata de promover lo que produce la tierra, de dar visibilidad a los ganaderos, hortelanos y sidreros que hacen posible que la mesa asturiana sea lo que es.
Si visitamos Cangas de Onís en otoño, cuando los hayedos de los Picos se tiñen de ocre y rojo, la experiencia en La Caldera adquiere otra dimensión. Los guisos ganan potencia, el fuego de la brasa se siente más cerca, y la sidra recién espichada sabe a cosecha. Es el momento ideal para pedir una ternera casera con patatas panaderas y dejarse cuidar por una cocina que entiende que la mejor gastronomía es la que nace del respeto a los tiempos de la naturaleza.
Un detalle que diferencia a La Caldera de otros restaurantes de la zona es el cuidado que ponen en el servicio. A pesar del volumen de comensales que atienden cada día, los camareros mantienen una atención personalizada que no siempre se encuentra en locales con tanto éxito. Te recomiendan platos según lo que te apetezca, te avisan si una ración es demasiado grande para tu grupo, y tienen la paciencia de explicarte los platos menos conocidos a quienes vienen por primera vez a Asturias. Ese trato humano, combinado con una cocina que no falla, es lo que explica que tanta gente vuelva cada verano con la misma ilusión que la primera vez.