Información
- Cocina: Asturiana, Mariscos, Pescados
- Precio: $$
Luanco es uno de esos pueblos pesqueros asturianos que conserva su autenticidad a pesar del turismo creciente, y El Molino es el restaurante que mejor representa esa autenticidad en la mesa. Ubicado en el centro del pueblo, este local es el lugar donde los luancos celebran las fiestas, donde las familias comen los domingos y donde los visitantes descubren lo que es comer pescado fresco de la lonja local.
La caldereta de pescado es el plato insignia: un guiso marinero con pixín, merluza, gambas y almejas en un caldo de fumé que concentrase en horas de cocción lenta. Se sirve en cazuela de barro, humeante, y te hace entender por qué los pescadores asturianos han vivido de este plato durante generaciones.
La mariscada es otra apuesta fuerte, con percebes, centollo, nécoras y gambas de la zona, todo cocido a punto y servido con las mejores vistas a la playa de Luanco desde la terraza del restaurante. En temporada de calamar (otoño), los chipirones a la plancha son un manjar que no puedes perderte.
El restaurante tiene encanto: una casona tradicional asturiana reformada con gusto, con muros de piedra, vigas de madera y una terraza que en verano es el mejor sitio de Luanco para comer al aire libre. El trato es familiar y cercano, como corresponde a un pueblo donde todo el mundo se conoce.
Los precios son justos para la calidad: la caldereta ronda los 18-22€ por persona, los platos de pescado entre 15 y 25€, y las raciones de marisco a precio de lonja más un margen razonable. Una comida completa con vino de la tierra se puede hacer por unos 30-35€ por persona.
Si tu ruta por la costa asturiana pasa por el Cabo Peñas, la parada en Luanco y en El Molino es obligatoria. Pescado fresco de verdad en un entorno que parece sacado de una postal.
Luanco tiene puerto pesquero desde tiempos inmemoriales, y esa vocación marinera se nota en cada rincón del pueblo. El barrio pesquero, con las casas bajas de los mareantes pegadas al puerto, conserva el sabor de una Asturias que ya se está perdiendo en otros sitios. Las lonjas siguen funcionando, las barcas salen cada madrugada y el mercado de pescado sigue siendo el corazón comercial de Luanco. No es un pueblo maquillado para turistas: es un pueblo de pescadores que además recibe visitas.
El paseo por el puerto es una actividad obligatoria antes o después de comer. La lonja moderna, el faro, las barcas varadas con los nombres pintados en la proa y el constante ir y venir de los mariscadores que revisan las nasas te dan la medida exacta de lo que significa vivir del mar en Asturias.
Si visitas El Molino entre junio y octubre, estás en temporada de bonito del norte. Este pescado, que llega a las costas asturianas en su ruta migratoria por el Cantábrico, es una de las grandes alegrías de la cocina marinera. En El Molino lo preparan de varias formas: a la plancha con un chorro de aceite de oliva, en marmita con patatas y cebolla, o como parte de la caldereta cuando lo mezclan con otros pescados de roca. El bonito fresco de Luanco no tiene nada que ver con el bonito en conserva: la carne es roja, firme, con un sabor limpio que solo dura los meses de temporada.
Pedir una mariscada en El Molino es un acto de fe y de hambre. Te traen una fuente que parece de boda, con percebes, centollo, nécoras, langostinos, gambas blancas y algún pulpo según lo que haya en la lonja ese día. Se sirve sobre una capa de hielo, con pinzas, cortaúñas y cuencos para las cascaras. Es un plato para ir despacio, para pelar, para mojar pan en los jugos, para hablar entre bocado y bocado. Dos personas con buen apetito pueden pasarse una hora entera con una mariscada y no aburrirse un segundo.
A cinco minutos andando de El Molino está la playa de Luanco, una Playa de arena fina con oleaje moderado que en verano se llena de familias y en invierno ofrece paseos solitarios con el sonido del mar de fondo. Si tienes coche, desde Luanco puedes subir hasta el Cabo Peñas, el punto más septentrional de Asturias, con sus acantilados de más de cien metros y sus vistas al mar que te quitan el aliento. Es una excursión de media hora que combina perfectamente con una comida en El Molino: naturaleza bruta y buena mesa, que es como mejor se entiende Asturias.