No sobró nada. Ni les migayes.
Así de rotunda fue la XXVII edición del Festival de la Boroña de Forna de Torazu, celebrado el pasado domingo 7 de junio en el Campu de la Capilla de Nuestra Señora de la Sienra. Las mujeres del pueblo hornearon 33 boroñas de unos 10 kilos cada una en las fornas centenarias de sus casas. De cada pieza salían 12 raciones. Hicieron los cálculos: 396 raciones en total, y el resultado fue un agotado absoluto. No quedó ni el más mínimo rastro del pan de maíz más venerado del concejo de Cabranes.
Torazu —pueblo ejemplar de Asturias desde 2008 y miembro de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España— se paraliza cada primer domingo de junio para este ritual que huele a leña de salguero, a berza húmeda y a compango sudando dentro de la masa. Es uno de los pocos festivales gastronómicos de Asturias que no se ha inventado para el turista: lleva 27 ediciones celebrando algo que ya existía mucho antes de que existiera el festival.
Qué es la boroña de forna y por qué no es un pan cualquiera
Para entender el festival hay que entender primero la boroña. La palabra viene del celta bron, que significa pan, y en Asturias designa el pan de maíz desde que este cereal llegó desde América en el siglo XVII de la mano de la familia Casariego. Luis de Valdés, historiador del XVII, lo llamó "pan de Indias" porque el maíz era entonces el trigo de las Indias. Antes de su llegada, la boroña se hacía con mijo; después, el maíz la transformó para siempre.
La boroña de forna que se come en Torazu no es un simple pan de maíz. Es una boroña preñada: una empanada de masa de maíz rellena de chorizo, lacón y panceta, envuelta en hojas de berza y cocida lentamente en una forna de piedra. Las fornas son hornos tradicionales que sobresalen de las casas rurales asturianas, con paredes de refractario, que se calientan con leña de roble, ágoba o castaño. En Torazu, las mujeres usan leña de salguero (sauce), que según la tradición local confiere un sabor y un punto de humo insustituible.
Hay tres tipos de boroña según el método de cocción: la borona de llar (hecha en el hogar, envuelta en hojas de berza o castaño y enterrada entre cenizas y rescoldo toda la noche), la boroña de forna (en el horno de piedra, el método de Torazu), y la boroña de horno (adaptación moderna a la cocina bilbaína, en moldes rectangulares). La de forna es la más festiva y la que requiere mayor destreza: el control de la temperatura del horno, el tipo de leña, el tiempo de cocción y el punto exacto de la berza que envuelve la masa determinan si la boroña sale perfecta o seca.
Pascuina: la boroña que marca el calendario
En Torazu, la boroña no se hace cualquier domingo. Josefina Prida, una de las organizadoras, lo explica con precisión: "Aquí siempre se hizo la boroña a las siete semanas de Pascua, que era pascuina". La pascuina es una tradición litúrgica que señala siete semanas después de la Resurrección, y en muchas parroquias del interior de Asturias ese era el día grande para hornear la boroña preñada. No era comida de diario —la boroña sin preñar sí lo era— sino una celebración que marcaba el paso del tiempo agrícola y religioso.
El proceso empieza el día anterior. Las mujeres de la Asociación Cultural y Recreativa Toracense preparan la masa con la proporción tradicional: entre 75 y 80% de harina de maíz y 20-25% de harina de trigo, agua templada con sal. Estiran la masa, disponen el relleno de chorizo, lacón y panceta en el centro, cierran, envuelven en hojas de berza y dejan reposar. A primera hora de la mañana del domingo se encienden las fornas con leña de salguero y cuando el horno alcanza el punto justo, se introducen las boroñas. El horneado es lento, paciente, casi contemplativo. No hay atajos.
XXVII Festival: lo que pasó este año
La jornada arrancó a las 11:00 con el mercáu tradicional, un mercado de artesanía y productos agroalimentarios que se instaló en el Campu de la Capilla. A las 11:45, el pasacalles recorrió las calles del pueblo con los grupos folclóricos Los Yerbatos y El Corriellu La Pandorga. A las 12:30, el pregón del evento corrió a cargo de Jorge Corrales Llavona, vicedecano del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Noroeste de España.
A las 13:30 se sirvió la comida central. Dos opciones: boroña preñada salida de las fornas, o parrillada de costillas, chorizu criollu y pollo. En ambos casos, el postre era el tradicional arroz con leche de Cabranes. El precio: 27 euros por ración, sin incluir bebida. Las raciones se agotaron por completo —396 comensales alimentados, cero boroña desperdiciada.
El Boroña de Oro, máxima distinción del festival, recayó en Eugenio Caravia Foncueva por su compromiso con la parroquia, el desarrollo territorial, el mercado navideño y la iluminación festiva del pueblo. El alcalde de Cabranes, Gerardo Fabián Fernández, destacó que el festival "es mucho más que una celebración gastronómica; es la expresión viva de lo que somos como pueblo, de un conocimiento transmitido de generación en generación". Y añadió algo esencial: "No sabemos cuándo se hizo la primera boroña, pero sí que la seguimos utilizando a día de hoy".
Cómo ir a Torazu y qué más ver en Cabranes
Torazu está en el concejo de Cabranes, a unos 40 minutos en coche de Oviedo y Gijón por la AS-255. El pueblo tiene menos de 200 habitantes, pero su patrimonio es desproporcionado: las fornas centenarias, la Capilla de Nuestra Señora de la Sienra, y una arquitectura rural que le valió la distinción de Pueblo Ejemplar. Si vas, aparcá en las inmediaciones del Campu de la Capilla —el acceso es peatonal durante el festival.
Si te interesa la ruta del maíz y el pan tradicional en Asturias, la tradición del pan asturiano te da el contexto completo. Para probar otras expresiones de la boroña y el pan de maíz en restaurantes, consulta dónde comer boroña en Asturias. Y si te quedas con ganas de más pan artesano, no te pierdas la receta de boroña asturiana casera, que puedes hacer en tu propia cocina.
La zona de Cabranes y Villaviciosa merece una parada. A pocos kilómetros está Llagar Casa Salud, uno de los mejores lagares de la comarca, y en Villaviciosa encontrarás una oferta gastronómica sólida. Hacia el norte, el concejo de Colunga tiene restaurantes de calidad cerca del Jurásico. Si te acercas a la costa, la empanada asturiana sigue siendo la otra gran especialidad de masa con relleno que comparte ADN con la boroña.
La boroña que nos sostuvo
Hay una frase del tío Severino que recogió asturias.com y que resume todo lo que importa: "Esto ye lo que nos mantuvo cuando no había de na, y lo que nos alegra cuando lo hay too". La boroña nació como pan del pobre —cuando el trigo era un lujo que apenas llegaba a las aldeas del interior— y hoy se sirve en restaurantes con pretensiones de gourmet. En Torazu, las 33 boroñas que se hornean cada primer domingo de junio son un puente entre esos dos mundos: la supervivencia y la celebración, el hambre y la fiesta, todo envuelto en una hoja de berza y cocido lentamente entre las brasas de un horno que tiene siglos.
El festival ya tiene fecha para 2027. Las raciones son limitadas y se agotan cada año —nadie quiere arriesgarse a que le toquen las migayes.