Información
- Cocina: Asturiana, Sidrería
- Precio: $$
Llanes es uno de esos pueblos que te atrapa y no te suelta. La villa amurallada con sus torres medievales, el puerto pesquero, las cuevas pintadas, y esa costa recortada con playas que parecen de cuento. Pero lo mejor de Llanes, si me preguntas, es su despensa. El conceyu de Llanes tiene una riqueza gastronómica que pocos conocen: quesos como el de Pría y el de Vidiago que son joyas lácteas, una ganadería de vaca roxa que da una carne con sabor de verdad, huertas que producen berzas y fabes con una calidad envidiable, y un mar que ofrece bonito, pixín y marisco en temporadas que marcan el ritmo de la cocina local. Los sabores del conceyu son el alma de esta tierra.
Casa Pelayo es la sidrería que todo llanisco ha visitado alguna vez y a la que siempre vuelve. En el corazón de Llanes, este restaurante es un baluarte de la cocina tradicional asturiana que ha sabido mantener su esencia a lo largo de los años, sin ceder a las tentaciones del turismo de masas que ha transformado parte de la oferta gastronómica de la villa.
La carta es un manual de cocina asturiana bien ejecutada. El cachopo es generoso y honesto, con buena ternera del país y queso que se funde sin desbordar. El pote asturiano es de los de verdad: con berza fresca, fabes que se deshacen en la boca y compango ahumado que le da carácter.
El marmitako de bonito es espectacular en temporada (junio a octubre), con patatas enteras, bonito en trozos gruesos y un caldo que te bebes hasta la última gota. Los calamares a la andaluza son crujientes y tiernos, y la tortilla de patatas tiene ese punto jugoso por dentro que solo consiguen los que saben hacer tortilla de verdad.
El bonito del norte en temporada es una apuesta que no falla. Lo traen fresco de las costeras del Cantábrico y lo preparan de distintas formas: a la plancha con un chorrito de aceite, en marmitako, o en ceviche con cítricos cuando el chef se pone creativo. En cualquier caso, el sabor del bonito de costera no tiene comparación con lo que encuentras en cualquier supermercado.
La carne gocha —de ternera asturiana de la raza roxa— es otro plato que conviene no perderse. Un chuletón a la brasa o unos entrecots con pimientos asados te muestran lo que es comer carne con sabor en Asturias. La texture es jugosa, con marmorizado natural y un gusto que te transporta a los prados de los Picos de Europa.
Y los quesos. Siempre los quesos. En Casa Pelayo tienen una buena selección de quesos del conceyu: el queso de Pría, semicurado y con un sabor a leche cruda que es una delicia; el de Gamonéu, ahumado y con personalidad; y el Cabrales, porque en Asturias no hay tabla de quesos sin Cabrales. Pídelos con un poco de membrillo y pan de escanda y ya tienes un capricho redondo.
La sidra natural, por supuesto, no podía faltar. De buenos llagares asturianos, escanciada con arte y servida con la generosidad que caracteriza a las sidrerías de toda la vida. En Casa Pelayo entienden que la sidra es parte inseparable de la experiencia gastronómica asturiana.
El comedor es amplio y funcional, con mesas de madera y ese ambiente de sidrería asturiana donde se come bien, se bebe mejor y se charla con los vecinos de mesa como si se conocieran de toda la vida. Los fines de semana, el local se llena de familias y grupos de amigos que vienen a comer como mandan los cánones.
Con precios contenidos (platos principales de 12 a 18€, raciones entre 8 y 14€), Casa Pelayo es garantía de comida asturiana de calidad en Llanes sin que el bolsillo sufra en exceso.
Casa Pelayo está en la calle Mayor, en pleno centro de Llanes, así que llegar andando desde cualquier punto de la villa es sencillo. Aparcar en el centro de Llanes en verano es misión imposible, así que lo mejor es buscar plaza en el parking del puerto o en las inmediaciones del campo de fútbol y caminar cinco minutos.
Si vas con tiempo, una parada obligatoria es la Playa de Gulpiyuri, a unos minutos en coche hacia Naves. Es una playa interior, declarada monumento natural —sí, una playa sin mar, con olas que entran por un sumidero subterráneo desde el Cantábrico. Te juro que ver el mar entrar por un agujero en medio del prado y formar una pequeña playa de arena es una de las cosas más surrealistas que puedes vivir en Asturias. Después de comer en Casa Pelayo, la visita a Gulpiyuri es el plan perfecto.
Casa Pelayo es el tipo de sitio que hace que Asturias sea especial: una sidrería de toda la vida donde la comida habla por sí sola, donde el bonito sabe a bonito y la carne sabe a prado. Sin pretensiones, sin bromas, con una carta que es un homenaje a la despensa de Llanes y una sidra que corre como manda la tradición. Si quieres entender la cocina del oriente asturiano, empieza por aquí.