Información
- Cocina: Asturiana, Tapas, Sidrería
- Precio: $$
La Bodeguilla es el tipo de sitio que te recomienda un ovetense con esa convicción de quien sabe de lo que habla. En la calle Santa Susana, a un tiro de piedra de la catedral, este local ha sido durante años una referencia del tapeo en el casco antiguo de Oviedo. Y cuando decimos tapeo, hablamos de tapeo de verdad: de pie en la barra, con un plato de croquetas en una mano y un botellar de sidra en la otra, charlando con el camarero y con los de al lado como si llevaras toda la vida yendo.
Esa es la clave de La Bodeguilla: la cultura de la barra. Aquí el tapeo no es una moda ni un concepto importado —es la forma natural de comer en Asturias. Llegas, pides una ración, otra, otra, y al final has probado media carta sin darte cuenta y te has gastado menos de lo que pensabas. La barra es larga, está siempre abastecida, y el movimiento es constante. Los fines de semana es prácticamente imposible encontrar hueco, así que o llegas pronto o armas paciencia.
La carta de raciones es extensa y tentadora. La tabla de quesos asturianos es un recorrido obligado: Cabrales curado en cueva, Gamonéu ahumado, Afuega'l Pitu rojo, Beyos y Pría, todos servidos con pan de escanda y nueces. Los embutidos caseros (chorizo, morcilla, sobrasada) son de productores locales de la comarca de Oviedo, y se nota en cada loncha.
Las croquetas son otro must. De jamón, de cocido, de boletus —todas con esa textura cremosa por dentro y ese reborde crujiente que delata que se hacen a mano y se fríen al momento. Las de jamón ibérico son las que más vuelan de la barra, pero las de cocido tienen un sabor profundo que te transporta directamente a la cocina de tu abuela.
El pixín (rape) es una apuesta que pocos se atreven a hacer en un local de tapas, pero en La Bodeguilla lo manejan con maestría. Ya sea a la sidra, en txangurro o simplemente a la plancha con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, el pixín que sale de aquí es de lonja: firme, blanco, con ese sabor suave que solo tiene el buen pescado del Cantábrico. Si lo pides, acompáñalo con unas patatas panaderas y una escanciada —no te arrepentirás.
El cachopo en ración es uno de los más solicitados, y la tortilla de patatas con cebolla (la auténtica, la que lleva cebolla, como manda la tradición asturiana) se cocina al momento y se sirve jugosa. Los pixuetos (huevos de pescadilla) fritos son una delicadeza que pocos restaurantes ofrecen y que en La Bodeguilla preparan con maestría.
La sidra natural tiene un papel protagonista en La Bodeguilla. La carta incluye más de una docena de referencias de llagares artesanales, organizadas por dulzor y carácter. El personal te guía en la elección y escancia con generosidad. También ofrecen sidra dulce natural para quienes prefieren algo más suave. Si vienes con ganas de probar, pide que te vayan cambiando de sidra según te vayas terminando el botellar —es la mejor forma de descubrir tu preferida.
El local es amplio y está decorado con buen gusto: toneles de sidra, muros de piedra, madera oscura y una iluminación cálida que invita a la sobremesa. La terraza en la calle es un acierto en los meses de buen tiempo, con las mesas llenas de ovetenses y turistas disfrutando del ambiente del casco antiguo.
Los precios son justos para la ubicación y la calidad: raciones entre 8 y 16€, medias raciones disponibles, y sidra entre 3 y 5€ el botellar. Una noche de tapeo para dos con sidra se puede hacer por unos 40-50€. Es recomendable reservar los fines de semana, cuando el local se llena hasta la bandera.
La Bodeguilla es la parada perfecta después de visitar la catedral o pasear por el casco antiguo de Oviedo. Entra, pide una tabla de quesos y un botellar de sidra, y entenderás por qué los ovetenses aman su gastronomía.